Cartas a Quito / 24 de noviembre de 2025
Written by danilo_3re2RJc on 11/24/2025
El agua dulce se está agotando en Ecuador
El Ecuador, como pocos países en el mundo, ha sido bendecido con grandes cantidades de agua dulce, provenientes de fuentes superficiales y subterráneas que han abastecido de sobra a los usuarios: humanos, flora, fauna y energía. Por desgracia, en los últimos años esta riqueza natural, silenciosamente se va agotando, ahora mismo ya se siente escasez, las causas conocidas son tres: merma del suministro, degradación de la calidad y, mal uso del recurso. La primera, producida por el deshielo de los nevados, que creíamos eran eternos, pero el cambio climático en solo 50 años, redujo su volumen a la mitad, en consecuencia, los pantanos y humedades del páramo que son el origen del río se están secando y, el río que es la principal fuente de abastecimiento de los usuarios nace con caudal disminuido. La segunda, es la agresiva degradación de la calidad del agua del río, debido al crecimiento de la población y la falta de tratamiento de los desechos líquidos. En 75 años la población ecuatoriana se ha cuadruplicado, fenómeno que no solo ha incrementado el consumo de agua en esa proporción, sino que ha multiplicado la producción de aguas negras, que simplemente son arrojadas al río, que hasta aquí corre sano, alegre y caprichoso. Esta mala práctica de la gente hace que el río empiece a deprimirse, siente ya los primeros síntomas de una enfermedad degenerativa llamada contaminación. Luego, la presencia de una floreciente industria que para sus procesos utiliza químicos altamente nocivos para la salud y, que no son tratados, sino irresponsablemente arrojados al río, agudizando la enfermedad, está inválido y su caudal ya no es apto para el consumo humano. Para completar la agresión, hoy en día la minería metálica ilegal, está contaminando los pantanos y humedades de los páramos, en consecuencia, el río nace enfermo. Ahora mismo, el río ecuatoriano nace enfermo y termina muerto, tornándose en el peor enemigo de la salud de sus usuarios, (la culpa solo es nuestra, rectifiquemos antes que sea tarde). La tercera es el uso indiscriminado y agresivo de los usuarios, mientras uno se adjudica grandes volúmenes para el uso y el abuso, otro necesita y no tiene agua, aberración que las autoridades y grupos ambientalistas no toman en cuenta, hace falta coordinación y buen criterio para que la repartición sea por prioridades. Anhelo que solo se logrará con planificación integral que regule y controle la oferta y la demanda de este vital recurso.
Marco A. Zurita Ríos
Montuvio o Montubio: una lucha por la identidad cultural ecuatoriana
Durante décadas, la identidad del hombre y la mujer del campo costeño ecuatoriano fue escrita con dudas: ¿Montuvio o Montubio? La Real Academia Española (RAE) ha resuelto oficialmente esta controversia: la forma correcta es “montuvio”, con v, según el Diccionario de la Lengua Española, que define al término como “campesino de la costa ecuatoriana”. En cambio, “montubio”, con b, tiene otra acepción: “persona montaraz o grosera”. Por tanto, cuando se habla del pueblo campesino del litoral del Ecuador, debe emplearse montuvio, que honra su verdadera identidad cultural.
El término montuvio proviene de “monte” y designa al habitante del campo o de las zonas rurales del litoral ecuatoriano, caracterizado por su valentía, laboriosidad, apego a la tierra, su particular forma de hablar y su folclore. La RAE tardó en reconocerlo, pese a que desde la Constitución ecuatoriana de 1998 —y ratificada en la de 2008— el pueblo montuvio fue reconocido como una nacionalidad cultural, con derechos colectivos, identidad propia y participación en el Estado plurinacional. El artículo 56 de la Constitución de la República del Ecuador establece que los pueblos indígenas, afroecuatorianos y montuvios forman parte de la estructura plural del Estado, gozando de los mismos derechos de representación y autodeterminación cultural. Este reconocimiento constitucional se fundamenta además en los instrumentos internacionales de derechos humanos, como la Carta de los Derechos Humanos y el Pacto de San José de Costa Rica, que consagran el derecho a la identidad, la cultura y la no discriminación. La lucha porque la RAE acepte “montuvio” fue liderada por intelectuales, escritores y representantes del pueblo montuvio, quienes reclamaron respeto por una palabra que no solo nombra, sino que simboliza una historia, una tradición y una forma de vida. La inclusión del término en el diccionario fue más que una corrección lingüística: fue un acto de justicia cultural y de dignificación. Hoy, decir montuvio es reconocer la fuerza del hombre del sombrero de paja, de la mujer de manos laboriosas, del pueblo que canta al amor y al trabajo. Es afirmar que las palabras, como los pueblos, merecen existir con nombre propio y con orgullo.
Elio Roberto Ortega Icaza.