Poder vs. prensa
Written by danilo_3re2RJc on 09/28/2025
En los últimos días, no solo hemos visto lo sucedido con el programa ‘Jimmy Kimmel Live’ en los Estados Unidos, suspendido por la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), por solicitud del presidente de ese país, y vuelto a poner al aire por la Cadena ABC (propiedad de Disney) seis días más tarde, ante la protesta general del atentado contra la primera enmienda.
En el Ecuador también se registran dos casos de enfrentamiento entre el gobierno y la prensa. El primero, sorprendente por la cantidad de publicidad pautada por el régimen para divulgarlo, se refiere a una supuesta evasión de impuestos de Gráficos Nacionales, editora de Expreso y Extra.
Los directores de los diarios aseguran que es una acusación es falsa, más aún, una campaña de difamación por sus investigaciones respecto a la importación de centrales eléctricas inservibles, irregularidades en la asignación de casos a prestadores privados del IESS, el tráfico de oro, entre otros temas.
La asegunda ocurrió en medio del paro nacional: la Agencia de Regulación y Control de las Telecomunicaciones (ARCOTEL) suspendió el canal de UHF del Movimiento Indígena y Campesino de Cotopaxi (MICC) por ‘la prestación de servicios en contra de la seguridad nacional’, basado en un informe secreto del Centro de Inteligencia Estratégica.
De su parte, el MICC denunció que la suspensión de 15 días al canal constituye un acto de censura directa, contraria a los derechos constitucionales de libertad de expresión y resistencia, así como un intento por silenciar y criminalizar al Movimiento Indígena.
Si bien el enfrentamiento entre el poder político y la prensa responde a un conflicto de legitimidades planteadas a partir de la creación de las repúblicas, cuyas revoluciones le dieron tanta importancia a la designación de representantes como a opinar libremente, este tipo de actitudes no corresponden ya a una disputa legítima, sino a actuaciones francamente contrarias a los principios republicanos.
Los representantes electos olvidan, más allá de su decorado ideológico, que el papel de verdadera prensa no está para aplaudir al poder, sino para observar, censurar y denunciar. A través de la palabra, el periodismo tiene una tarea de representación social y, en esa medida, se constituye como una ‘institución invisible’, más allá del control estatal, con una soberanía política que no puede ser coartada sin romper los principios republicanos.