La última llamada
Written by danilo_3re2RJc on 11/27/2025
El lunes pasado, Xi Jinping y Donald Trump volvieron a hablar. No es poca cosa. No porque el contenido haya sido especialmente revelador, sino porque la llamada se produjo. Y en estos tiempos en los que hasta preguntar por WhatsApp si “se puede llamar” se ha convertido en la norma diplomática mundial, que dos líderes se atrevan a descolgar el teléfono ya es casi un acto revolucionario.
La conversación llegó, además, con un punto de dramaturgia. El WSJ dice que fue Xi quien marcó primero, algo inusual en el protocolo chino. Se sabrá. Falta ver si lo que compartieron fue pan y vino… o un menú degustación de cuchillos largos con intenciones de visita oficial a Pekín y a Washington.
Según la agencia de noticias china, Xinhua, Xi hizo hincapié en que “la vuelta de Taiwán a China forma parte del orden internacional de posguerra”. En otras palabras: historia, tratados, legitimidad. Trump, por su parte, llevó la conversación hacia Ucrania y su objetivo declarado de cerrar una paz rápida que pueda presentar como triunfo diplomático. Dos narrativas paralelas, dos prioridades distintas, dos mesas separadas en el mismo restaurante.
Lo interesante no es solo qué dijeron, sino lo que cada uno no dijo. En su mensaje en Truth Social, Trump omitió toda referencia a Taiwán y a las tensiones crecientes entre China y Japón. Xi, mientras tanto, no desperdició la oportunidad de recordar que China y Estados Unidos “lucharon juntos contra el fascismo”, como si quisiera que Trump visualizara la foto en blanco y negro antes de mirar la geopolítica en color.
Todo esto sucede en un contexto inquieto: Japón endurece su postura sobre Taiwán, Beijing reacciona con irritación, Washington mide cada palabra y los acuerdos comerciales entre EE.UU. y China parecen siempre a punto de cerrarse… pero nunca del todo, como ese pedido del que se dice en la app.: “su entrega está más cerca”. Sí, claro.
En este escenario, la llamada tiene un valor propio, independientemente de la agenda. No porque resuelva nada —nada se resolvió—, sino porque mantiene abierta la posibilidad de que algo se resuelva. La diplomacia, al final, funciona como un viejo teléfono fijo: si no se usa, se llena de polvo; si nadie llama, un día deja de sonar. Hacen falta dos manos para aplaudir, dice el refrán chino (一个巴掌拍不响 ). Y hacen falta dos líderes para que el mundo siga evitando males mayores.
La conversación también sirve para recordarnos otra verdad incómoda: que en el tablero global las señales importan tanto como los movimientos. Que Xi haya tomado la iniciativa es una señal. Que Trump insista en presentarlo como un “gran líder” es otra. Que ninguno mencione abiertamente los temas que preocupan a Tokio o a Taipéi también lo es. Y que la llamada se produzca justo cuando ambos necesitan reforzar su margen de maniobra —Trump para cerrar acuerdos y proyectar autoridad, Xi para manejar varias crisis simultáneas— quizá sea la señal más reveladora de todas.
Por eso, más allá de las lecturas contradictorias, lo importante es que hablaron. Una conversación imperfecta es mejor que una ausencia perfecta. Y si a veces parece que el mundo se dirige hacia una cena de despedida —y no precisamente la bíblica—, conviene recordar que la historia se mueve, muchas veces, por llamadas que llegan justo a tiempo.
Hasta hace muy poco, un graffiti en una vieja y abandonada cabina telefónica rezaba: “Si la quieres, llámala, coño.” Pues eso: que sigan llamándose. Aunque sea para discutir sobre soja y fentanilo. Mientras se mantenga la conversación, aún queda margen para evitar que la última llamada sea, efectivamente, la última.
José Félix Valdivieso, Director de IE China Observatory, autor del libro China para los nuevos bárbaros (Nola editores, junio 2024)