Planificar el caos
Written by danilo_3re2RJc on 08/03/2025
En estos días de vientos agrios, el gobierno de Daniel Noboa practicó una sangría de cinco mil almas. El Ecuador, ese viejo buey acostumbrado a las eternas siestas burocráticas, despertó entre lamentos, acusaciones de crueldad y el olor de la indignación.
Ojalá está purga sea más que un ajuste del presupuesto y se entienda como un mensaje clavado en la puerta de la bestia administrativa que sigue roncando en sus oficinas y no entiende que el Estado no es el refugio perpetuo de la ineptitud, ni la nodriza de sindicalistas eternos cuyo único mérito es vociferar, ni el suave lecho de funcionarios que olvidaron que su pan diario viene del sudor de los contribuyentes. Ecuador necesita despojarse de miles de burócratas y convertirse en un Estado ágil, servicial, comprometido con la utilidad y no con el arte de no rendir cuentas.
Claro que hay lástima detrás de cada nombre tachado, son cinco mil historias que se desgranan como un collar roto. Pero esa desgracia es un espejo para quienes aún conservan su silla tibia: ningún puesto es eterno si no se alimenta con el mérito, la eficiencia y esa vocación de servicio que confunden con el derecho divino a la pereza. Es un golpe en la puerta mohosa de una burocracia que se cree inmortal.
El mensaje es diáfano: a quien aún le queda un asiento, véalo no como un trono heredado, sino como una responsabilidad prestada, efímera, como el vuelo de una mariposa bajo la lluvia ecuatorial. El tiempo de dormir la siesta con sueldo debe terminar. Hay puestos que son nidos de incompetencia y trincheras de sabotaje silencioso.
Noboa actuó sin anuncio previo. Si avisaba, asistíamos a semanas de paralizaciones, titulares apocalípticos y los viejos coreógrafos del escándalo, representando su papel de lloronas.
En este país, cada anuncio gubernamental, antes siquiera de ser comprendido, tiene un coro automático de opositores, de guardianes del caos que se alzan en jauría. La política ecuatoriana funciona en reflejo, ese arte de reaccionar antes de pensar, donde sindicatos, partidos, gremios y los profetas de las redes sociales, viven de oponerse a todo con el libreto de siempre: esto no se puede, esto es inconstitucional, esto afecta al pueblo, pero el pueblo de verdad, el que madruga y paga impuestos, no está en los noticieros.
¿Improvisación? Quizás. ¿Estrategia? Sin duda. Pero hay una verdad en este país, aquí lo único que se planifica es la parálisis y en la política ecuatoriana la parálisis es rentable: gana tiempo, gana votos y deja todo igual de roto. Aquí planificar es invitar al caos a sentarse en la mesa, donde nadie suelta sus privilegios.
Algunas de las próximas decisiones, como frutas verdes, traerán acidez y dolor. Otras, maduras al sol de la necesidad, darán dulzura y bienestar colectivo. Así es el oficio de gobernar: el que no hace nada nunca se equivoca y de seguro Noboa se equivocará. Lo que ya no podemos soportar, como un tumor en el dedo gordo del pie, es otro gobierno que planifica, socializa y anuncia, lo que es una invitación con filo dorado, para que los opositores griten que se afecta a los derechos adquiridos, para que los que no trabajan aúllen que se afectará a la economía, para que los youtubers ganen dinero con extensos análisis sobre la importancia infinita de la nada y sigamos con este Estado, que solo sirve a los burócratas que lo habitan y no a la multitud que lo alimenta con sus tributos.
Sí, habrá decisiones erradas, como sucede con los gobernantes que miran de frente el destino. Pero mucho más triste que el error, más desolador que el tropiezo, fue la quietud cobarde de aquellos que, en vez de actuar, prefirieron fingir que nuestras necesidades no se desangraban entre sus manos y el tiempo, impasible, los sentenció con el olvido.