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Turismo: El desmantelamiento del olvido

Written by on 03/29/2026

El sector turístico ecuatoriano atraviesa su momento más incierto en años. No por falta de potencial, sino por decisiones políticas que revelan, cuando menos, una preocupante despriorización. El desmantelamiento del Ministerio de Turismo, la fugaz transición de Mateo Estrella, la salida sin explicaciones del viceministro, y el reciente nombramiento de una encargada cuyo currículum levanta más preguntas que certezas, configuran un panorama que merece un análisis detallado. Porque en este país de volcanes y encantos, el turismo es una promesa que nadie custodia.

El camino hacia ningúnl lado

30 de agosto de 2024: Nace una estrella (encargada). Mateo Estrella es designado mediante Decreto Ejecutivo 380. Pero cuidado: no es ministro titular, sino ministro “encargado” de Turismo. La palabra que lo acompañaría como una sombra. Reemplaza a Niels Olsen, quien se va a la Asamblea.

27 de mayo de 2025: Llega el segundo mandato de Daniel Noboa. Mateo Estrella aparece en las listas del nuevo gabinete. Al fin, es ministro titularizado. Pero el destino, que escribe con letra pequeña, tenía otros planes. Porque en el Ecuador las certezas duran lo que un suspiro.

24 de julio de 2025: El presidente Daniel Noboa emite el Decreto Ejecutivo No. 60, que ordena la fusión del Ministerio de Turismo con la cartera de Producción, como parte de un “Plan de Eficiencia Administrativa”. El sector turístico, que ya venía golpeado por años de inestabilidad, pierde su autonomía institucional. Para operar una mina en una comunidad, hay socialización, consulta previa, votación. El sector turístico, que representa inversiones por miles de millones en todo el país y en todos los estratos, no fue ni siquiera informado. Lo desaparecieron sin hacer ruido.

15 de septiembre de 2025: El Ministerio de Turismo desaparece. Es fusionado con Producción. Estrella, ahora es viceministro de Turismo. Subordinado a Luis Alberto Jaramillo. Aquel que había sido señalado para presidir una cartera, terminó en la antesala.

15 de marzo de 2026: Mateo Estrella renuncia como viceministro. En su despedida, asegura haber servido “primero como ministro y luego como viceministro”. Pero en este país de memorias escurridizas, nadie recuerda la fecha de su posesión como titular. Estrella en un año y medio en el poder, fue nombrado, ratificado, fusionado y despedido. Pero el título de “ministro” fue un fantasma en el despacho.

16 de marzo de 2026: Se anuncia que María José Reshuan Landívar asume como viceministra encargada. Hasta ese momento, Reshuan se desempeñaba como subsecretaria de Desarrollo y Competitividad Turística. El sector recibe la noticia con la curiosidad de quien ve llegar una sombra en la neblina.

El currículum de la encargada: ¿Marketing ferroviario?

María José Reshuan es ingeniera en Gestión Turística Hotelera con una maestría en Gestión de Turismo Internacional. Su trayectoria, en apariencia técnica, presenta un detalle que no pasa desapercibido: fue coordinadora de marketing y ventas en la Empresa Pública Ferrocarriles del Ecuador, un símbolo de proyectos faraónicos sin logros turísticos. El tren que nadie tomaba, que prometía recorrer la patria y se quedó en la estación. Difícilmente puede considerarse un aval para liderar una cartera que aspira a reposicionar al país como destino competitivo.

A esto se suma que Reshuan, carece de conexión con la “vieja guardia”: los empresarios hoteleros, los operadores de turismo comunitario, los gremios provinciales que durante décadas han sostenido la industria con sus propios recursos, con la tenacidad de quien siembra sabiendo que la cosecha será incierta. No se trata de una crítica generacional, sino de una constatación: el turismo en Ecuador sigue moviéndose por redes de confianza y experiencia acumulada. Colocar al frente a una figura sin esos vínculos es, cuanto menos, una apuesta riesgosa. Es entregar el timón de un barco a quien nunca ha navegado esas aguas.

Mateo Estrella: No quiso o no pudo ser figura

Uno de los contrastes más notables en esta historia es el que existe entre Mateo Estrella y su antecesor en la cartera, Niels Olsen que, durante sus tres años como ministro, comprendió algo fundamental: el turismo es un escaparate perfecto para construir popularidad. Recorrió el país, inauguró obras menores, posó en cada rincón fotogénico y se convirtió en un personaje inmutable del gobierno de turno. Más allá de los resultados, si es que los hubo, Olsen logró una proyección nacional que lo posicionó como presidente de la Asamblea Nacional. Entendió que, en la política ecuatoriana, la imagen pesa más que la sustancia.

Estrella, en cambio, optó por un perfil bajo. No protagonizó cadenas nacionales ni desplegó una estrategia de comunicación que lo vinculara directamente con los logros del sector. Quizás por convicción, quizás porque el contexto de fusión no se lo permitía, porque es difícil ser figura cuando el cargo se desvanece, lo cierto es que su paso por el Ministerio y Viceministerio careció del componente propagandístico que sus antecesores supieron explotar; y que la viceministra encargada, entiende y maneja alegremente. En un gobierno que mide el éxito en términos de visibilidad, esa discreción pudo haberle costado el cargo. Porque en el Ecuador de hoy, no hay que hacer: hay que parecer que se hace.

Un sector sin respaldo ni reciprocidad

Lo más preocupante no es la trayectoria de una funcionaria o el perfil de un saliente. Es el sentir generalizado en el sector turístico: una creciente sensación de abandono, esa certeza de estar solos que se instala como garúa en cada provincia.

El gremio hotelero, los operadores de turismo de aventura, los guías, los pequeños emprendedores comunitarios, todos coinciden en que este gobierno ha sido pródigo en discursos de apoyo, pero escaso en acciones concretas. No hay un ministerio que nos represente. Ahora tampoco hay un viceministro nombrado oficialmente. Y en su lugar, se deja encargada la cartera -¿por tiempo indefinido?- a una persona que, por más voluntad que tenga, carece del peso político y del respaldo gremial que la función requiere. Al herido le dan un curita y le piden que espere.

Lo más paradójico, es que este mismo sector ha respaldado incondicionalmente a este gobierno desde todas las instancias y trincheras. En cada crisis, en cada llamado, el empresariado turístico ha estado ahí. Como un pariente leal que nunca falta a la cita familiar. Pero la reciprocidad no se ha visto ni se siente. Y la lealtad, cuando no es correspondida, se convierte en desilusión y nada más, porque si algo saben los políticos de derecha, es que el sector jamás respaldará a la izquierda.

Un motor desgastado

El turismo ecuatoriano no es un sector menor: representa una fuente vital de divisas, empleo y desarrollo regional. Es la ventana por la que el país se asoma al mundo, la industria que muestra sus maravillas sin extraer ni contaminar. Sin embargo, las señales que llegan desde el Ejecutivo son las de un sector al que se le ha ido restando peso institucional, al que se le ha negado la continuidad en el liderazgo, y al que ahora se le entrega, de manera interina, a una figura cuyo principal mérito parece haber sido, estar en el lugar indicado en el momento indicado. Como en las antiguas crónicas, donde los destinos se decidían por azar.

Si este gobierno realmente cree en el turismo como motor de desarrollo, debe demostrarlo con hechos: nombrando un viceministro en propiedad, con experiencia y conexión real con el sector, y devolviéndole al turismo la autonomía institucional y provincial que nunca debió perder. Mientras tanto, la industria seguirá esperando ad infinitum, porque paciencia nos sobra, como quien mira el reloj en una estación, donde el mismo tren de este relato, jamás llegó.


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