Stanley Kubrick, el osado duelo con el tiempo
Written by danilo_3re2RJc on 03/31/2026
Un simio lanza hacia arriba un hueso que va girando sobre sí mismo lento, errabundo, perdido en el espacio. De pronto, un corte insonoro nos muestra una nave espacial que circula por ese mismo firmamento. Escena de 2001, Odisea del espacio, 1968, uno de los filmes cumbre de la ciencia ficción.
Rescate de un subgénero cinematográfico saturado de alienígenas y truculencias. Odisea… avizora el futuro: creación, comienzo de algo, y explora la condición humana.
Un filósofo del cine
Stanley Kubrick (Estados Unidos 1925-Reino Unido, 1999) rastreó el tiempo hasta apropiarse de él para su arte. “Este cineasta fue un filósofo del cine” (Luis Finol, 2016). Y con su Odisea… logró una espléndida e insólita alegoría sobre el peregrinaje de la humanidad a lo largo de millones de años.
El tiempo ha sido una de las cuestiones que más ocupa a quienes poseen el oficio de pensar. Filósofos y escritores han procurado conceptualizarlo o fundar teorías sobre su esencia. Kubrick, en su Odisea…, emplea 40 minutos para los diálogos y omite la narrativa para construir una cinta intrépida y enrevesada en la cual desarrolla un osado duelo con el tiempo.
Kubrick perteneció a una familia judía de estrato social medio; dueño de un coeficiente intelectual superior; silencioso, tímido, solitario, autodidacta, traveseó desde adolescente con una cámara obsequiada por sus padres y se procuró un horizonte de vida propio.
¿Fue autista Kubrick? ¿Misógino, hipocondríaco, autócrata, paranoico, excéntrico, arrogante, loco, adusto… como lo han retratado los inefables periodistas faranduleros? El caudaloso prontuario de calificativos que ha caído sobre él no acrecienta ni contrae su genialidad.
Kubrick convirtió un cuento corto de Arthur C. Clarke, El centinela, 1964, en su Odisea…, epopeya filosófica cinematográfica que quedará fijada en lo mejor de este arte. Con el desconocido escritor empezó a esbozar el guion de la película. Los actores no le preocupaban, sí la voz del computador que escogió con mucho cuidado.
En 1966 Kubrick ya tenía filmadas todas las escenas de la cinta. Había encargado el material sonoro al músico con quien trabajó en Espartaco, 1960. Pero resolvió presentar su Odisea… con “piezas clásicas que había utilizado para medir el tiempo de la acción durante el diseño de las escenas”.
¿Kubrick se “adelantó al tiempo”? La verdad es que en sus películas lo manipula como si fuera una madeja de lana y él un notable tejedor. En Odisea… un grupo de humanoides lidian con todo lo que se le opone para seguir su tránsito. En su misterioso recorrido se halla con un monolito; se vuelca al futuro, millones de años adelante, donde una criatura ya transmutada en Homo sapiens fisgonea nuestro sistema estelar en un vehículo espacial orientado por un computador.
Filme magnífico que aborda la aventura de la humanidad a lo largo del tiempo y, como si fueran satélites turbadores alrededor de ese núcleo: la vida, la muerte, la soledad, la autorreflexión, la inteligencia artificial, en suma, la efímera e insondable condición humana.
La guerra, el poder en sus máscaras siniestras, los sistemas que aniquilan la humanidad del ser, la enajenación y la locura, los ritualismos perturbadores de la naturaleza erótica, la deshumanización fueron tratados por su genio; sondeo, en suma, del alma humana en su haz y envés.
Dormía en su mansión de Inglaterra cuando su corazón estalló, tal vez porque soñaba en un nuevo filme. Había dejado lista la última días antes: Ojos bien cerrados, 1999. El cineasta más perfeccionista de la historia murió a los 70 años. Esta fue la versión oficial, pero hubo otras.
La que más impactó fue motivada por una entrevista en la cual Nicole Kidman –actriz de Ojos bien cerrados– refirió que la víspera de su muerte lo llamó para decirle que quería visitarlo. El cineasta le habría dicho que no: “Nos matarán tan pronto que apenas podremos estornudar”.
Una secta satánica es expuesta en Ojos bien cerrados. Se dijo entonces que fueron sus miembros quienes lo asesinaron, pero también se habló de que fue el “sistema” por haber revelado un secreto de Estado derivado del alunizaje. Casos y cosas del mundo del cine.
Como afirma Eugenio Trías: “Kubrick es el director más influyente de su siglo”. Más allá de que los cinéfilos coincidan o no con el filósofo, es innegable que, junto a 2001: Odisea del espacio, obras como El resplandor, Barry Lyndon, Teléfono rojo: volamos hacia Moscú… quedarán prendidas en la mirada implacable del tiempo que todo lo suprime y borra.