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Cartas a Quito / 12 de abril de 2026

Written by on 04/12/2026

El estatuto de la libertad o el naufragio de la burocracia

Quito no aguanta más “gerentes de escritorio” ni alcaldes que gobiernan para la foto mientras la ciudad se deshace en baches, inseguridad y lodo. El anuncio del CNE de adelantar las elecciones a noviembre de 2026, bajo la sombra de un invierno que amenaza con ser implacable, no es solo un reto logístico; es el ultimatún definitivo para una estructura municipal que padece de obesidad mórbida.

El problema es diagnóstico y sentencia: tenemos una alcaldía hipercentralista donde sobran directivos y falta personal operativo. Mientras un “jefe” en el centro firma un papel, un vecino en Calderón o Quitumbe espera semanas para que limpien un sumidero. Esta ineficiencia no es accidental, es el resultado de un modelo agotado que ha convertido a las administraciones zonales en simples ventanillas de quejas sin presupuesto ni capacidad de acción.

El imperativo legal: El Estatuto Autonómico

La solución no es una nueva promesa de campaña, es un mandato legal ignorado por conveniencia política. El Artículo 241 de la Constitución y el Artículo 89 del COOTAD facultan a Quito para organizarse mediante un Estatuto Autonómico. No hacerlo es una omisión que condena a la ciudad. Este estatuto es la herramienta jurídica para:

1. Descentralizar el poder: Convertir las zonas administrativas en verdaderas “mini alcaldías” con autonomía financiera.

2. Solidaridad Territorial: Aplicar el Artículo 202 del COOTAD, redistribuyendo los recursos para que las zonas más necesitadas alcancen el estándar de las más desarrolladas.

3. Eficiencia Operativa: Pasar del modelo de “Alcalde Capataz” al de Administrador y Representante Diplomático, enfocado en la visión macro y la atracción de inversión global.

La Carrera de 2026: ¿Técnica o Verborrea?

El escenario electoral nos presenta una dicotomía clara. Por un lado, figuras que apuestan a la confrontación vacía o al populismo de tarima. Por otro, la posibilidad de un perfil como el de Juan Carlos Holguín, cuya experiencia internacional y visión técnica encajarían en este

nuevo rol de “Alcalde Diplomático”, siempre y cuando tenga la valentía de enfrentar a las mafias burocráticas y liderar la transición hacia la autonomía real.

La ciudadanía no quiere más jefes; quiere que sus impuestos se queden en su barrio. El próximo alcalde no debe ser quien prometa “arreglar Quito”, sino quien tenga la audacia de entregarle el poder a la gente a través de la descentralización.

Noviembre de 2026 será la fecha donde Quito elija: o seguimos siendo un gigante paralizado por su propia grasa administrativa, o abrazamos el Estatuto Autonómico para que la solidaridad y la eficiencia dejen de ser eslóganes y se conviertan en obra pública.

Quito no necesita un salvador; necesita un sistema que funcione.

Carlos Eduardo Bustamante Salvador


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