Radio hola

Current track

Title

Artist

Henri Matisse o la euforia de vivir

Written by on 04/14/2026

Su aspecto era el de un atildado caballero de clase media alta. Usaba lentes, su vista no era la de un águila real, sino la de alguien que la había gastado en explorar los secretos del arte en formas que podían consagrar el asombro de vivir y el color en sus inacabables posibilidades.

Su rostro lucía barba y bigote bien cuidados. Parecía un empresario, un científico o un rector universitario, más que un artista pintor que la crítica situaría, junto a Pablo Picasso y Marcel Duchamp, como el más influyente de su tiempo.

Éxtasis de crear

Henri Matisse (Francia, 1869-1954) afrontó asperezas desde sus primeros años, con la misma noción de la vida: un prodigio, una hermosa aventura. “En mi pueblo si había un árbol lo arrancaban, porque arrojaba sombra a cuatro plantas de remolacha”, relataba, y nunca ocultó que su padre le propinaba palizas por sorprenderlo abstraído dibujando “tonterías”.

Vivió sus últimos años en silla de ruedas o recostado. No obstante, lejos de sumirse en la depresión o abandonar su oficio, y rodeado de sus modelos, creó sus célebres “pinturas con tijeras”. Revelación de que la vida puede ser jubilosa, a pesar de sus infaltables escollos.

El estudio rojo, 1911. Mirar este collage es adentrarse en el espacio de aislamiento del artista. Los papeles pintados saltan a la vista, juguetean, travesean. Es la ermita de un mago que guarda con celo sus secretos.

Matisse recortaba papeles en las formas que su genio le dictaba y con un palo los colocaba en las paredes. Demiurgo del color, esta fase se erigió como su segunda vida creativa y la llamó Pinturas con tijeras.

¿De dónde emergió el dominio del color de Matisse? El artista sostuvo que lo heredó de su madre, pintora de porcelana, la única disciplina que entonces podían cultivar las mujeres.

La alegría de vivir, gran formato: 1,80 x 2,40 m. Apoteosis de la vida. Fiesta y regocijo. Colores feraces y cálidos; cielo y mar, figuras desnudas, leves y livianas, someten la imaginación del espectador al paisaje arcádico plasmado por Matisse.

Y allí se prende el espectador, rondando las formas sinuosas, saturadas de sensualidad y sosiego, los colores fulgurantes, las figuras de mujeres y hombres viviendo del aire que inspira La alegría de vivir.

¿Qué es la Arcadia? ¿Mito, artículo de fe o realidad? Una región predestinada de Grecia donde habitaba la luz y la belleza, irradiando paz a quienes pastoreaban la felicidad. Estupor y fascinación de vivir.

Los colores de Matisse se rebelan ante la realidad y transmutan en recurso expresivo de su emoción. La alegría de vivir: exultación y exaltación de vivir, comunicándose, conciliándose y refundiéndose con la naturaleza.

“Matisse es pintor inclusive cuando escribe”, señala Françoise Fédier (2025). En efecto, Matisse pensaba en cuanto pintor y, en consecuencia, escribió como pintor: Jazz, 1947, su renombrado libro, y otros en los cuales rutila su pensamiento.

¿Cuánta influencia tuvo en él el arabesco, ese exorno árabe que congrega plantas, tallos, hojas y flores; espesuras, orlas y volutas, propias del islam?

El artista se prendó de una tela de Cézanne, Tres bañistas, y allí –confesó– descubrió el encantamiento del arabesco: “el poder y el canto del arabesco en relación con el color y la fijeza de la forma”.

¿Es el canto del arabesco el que fragua su obra? Hablar desde la música. Frisaba los 39 años cuando escribió Apuntes de un pintor: “Lo que persigo, por sobre todo, es la expresión”, afirma. Y él mismo la definiría así: “No puedo distinguir entre el sentimiento que tengo de la vida y la manera cómo lo traduzco”.

Expresión como traducción. Matisse cultivó su oficio en su obra y en su palabra. “Expresión y decoración no son sino una sola y misma cosa –dijo–, estando el segundo término condensado en el primero” (1972).

Gatos, palomas peces… formaron parte de su vida. Matisse fue un agnóstico convencido que creía en la libertad y en la paz. Picasso, diez años menor, fue su gran rival, aunque se profesaron admiración mutua. “Solo Picasso puede criticarme”, sentenció el artista. Y el genio español: “Para mí, solo existe Matisse”. La bandada de palomas que Matisse cuidó durante su postración, finalmente, fue legada a Picasso.

Música y danza, color, arcanidad y sigilo; formas escuetas, despojadas de todo atavío; la naturaleza en su fulgor y claridad; el ser, en suma, y su paso por la tierra, orgulloso de recorrer ese camino –borrascoso y bello– que es vivir: el arte de Henri Matisse.

defender la alegría como un derecho/ defenderla de dios y del invierno/ de las mayúsculas y de la muerte/ de los apellidos y las lástimas/ del azar/ y también de la alegría”. M. B.


Radio hola

Current track

Title

Artist

× ¿Cómo puedo ayudarte?