Las estampas de Quito
Written by danilo_3re2RJc on 04/16/2026
Tomo prestado el título de este ensayo. La “estampa” fue una manifestación teatral atribuida al quiteño Alfonso García Muñoz, y ejecutada en forma magistral por el actor, músico y humorista de origen ambateño, Ernesto Albán Mosquera, con el nombre de Evaristo Corral y Chancleta, y su elenco: Lastenia Larenas (Doña Jesusa), y Óscar Guerra Maldonado (Sarzocita).
Ernesto Albán se inició en los años treinta como cantante de tangos y actor de variedades, pero su carrera dio un vuelco definitivo cuando decidió interpretar a don Evaristo, un burócrata en declive creado por García Muñoz, que alegró a la gente en teatros y las plazas del país desde 1935 hasta 1984.
Las estampas quiteñas se nutrían de sátiras, discursos porfiados y chistes políticos, que en ocasiones incomodaron al poder, que entonces ejercía José María Velasco Ibarra. Albán fue detenido en varias ocasiones, y estuvo a punto de llegar al parlamento en calidad de diputado.
La estampa, como expresión de la cultura popular, no ha terminado. Con otro estilo, fue “Don Miche” -don Carlos Michelena Soria-, quien se consolidó como actor, comediante y dibujante, considerado una de las figuras del teatro callejero en el Ecuador. Y también hay que reconocer los aportes de Juana Guarderas y su elenco, en la famosa obra de teatro “Las Marujitas”, que nació en 1986, escrita por Luis Miguel Campos.
Con el advenimiento de la modernidad, y porque la risa dejó de ser el sostén emocional de los habitantes de Quito, debido a los problemas que le aquejan, las estampas han dado giros notables con la aparición de sainetes en la televisión y las redes sociales, que combinan lugares comunes, bromas en doble sentido y desfiles interminables de personajes poco decentes, en aras del mal gusto y el mercadeo.
Las verdaderas estampas son ahora serias, muy serias. Se acabaron, con pocas excepciones, las fuentes de la risa natural, las alusiones a personajes disparatados, y a escenas que inviten a la catarsis y a la bohemia. ¿Por qué no? ¡El Quito bohemio prácticamente no existe!
Los problemas de la inseguridad están ahora presentes. Todo el mundo habla de mafias y violencias de diferente jaez. Los temas de los cholos, chagras y longos corresponden al pasado. Pocos hablan de literatura quiteña, en especial de Jorge Icaza y sus novelas “En las calles” o “El chulla Romero y Flores”…
En suma, un nuevo mapa de Quito ha configurado la geografía humana. Y a este paso, las estampas quedan exclusivamente en los recuerdos, en los álbumes de cartulina archivados, y en los los celulares que registran las travesuras “inofensivas” de las tecnologías.
Esperamos que las razones y los sentimientos para rescatar el buen humor de los quiteños no se acaben. Y que las estampas recuperen -algún día- su sonado prestigio.