Cartas a Quito / 9 de abril de 2026
Written by danilo_3re2RJc on 04/09/2026
Agobiados por la mediocridad
Los ecuatorianos estamos frente a una invasión de mediocres, tanto política como profesionalmente.
El mediocre se caracteriza por ser limitado en su razonamiento, tirando al dogmatismo o fanatismo como tabla de salvación, como justificación de su incapacidad, y, poniendo tal condición (fanático o dogmático), cual si de un mérito se tratara.
Los espacios para el mediocre son amplios: partidos o movimientos políticos que exigen incondicionalidad con los pronunciamientos de un líder (sin importar la mediocridad de esos pronunciamientos, obviamente por que no los entienden), puestos burocráticos donde no se exige ningún esfuerzo mental, religiones donde prevalece el dogmatismo y no el razonamiento, y, así un sinnúmero de posibilidades. En Ecuador estamos copados de esa mediocridad.
Vemos a profesionales mediocres (no se explica de otra manera) que aprueban obras o contratos a pesar de que sus conocimientos les sugieren lo contrario, abogados que buscan resquicios en las leyes, retorciéndolos, para justificar sus pronunciamientos, como por ejemplo escuchar a un abogado, catedrático y ex decano de una facultad de leyes, decir que el grillete se debe sacar del tobillo para cargarlo, sin contar con la falta de conocimiento del lenguaje, para emitir expresiones como “rompido”, “descubrido” y otras por el estilo, que demuestran que a más de no conocer las reglas de su idioma, no se han preocupado de leer regularmente.
No se quedan atrás los profesionales que creen que una demostración de profesionalismo es el uso de términos comunes profesionalmente, pero ignorados por el pueblo: notitia criminis (muchos han dicho “noticia” criminis), o, ipso jure, que deben usarse en el ambiente y momento apropiado, y, no como se lo hace para que se “note” su conocimiento.
Hay, también, una lluvia de acusaciones, que se emiten sin ninguna prueba, por líderes y militantes de movimientos políticos, con el fin de desprestigiar a gobiernos y escandalizar a la muchedumbre, sin hacer uso de la razón ni de la justicia.
Leemos noticias que evidencian que hay países donde, gobiernos permiten que se obtengan títulos fraudulentos, para justificar la asignación de puestos burocráticos que requieren conocimientos técnicos específicos, o, que resaltan títulos extranjeros en economía, administración o leyes, para colocarlos en esos puestos.
La emisión de profesionales mediocres debe ser detenida. El progreso del país se ve frenado bruscamente con la participación de esos profesionales en las actividades públicas, en puestos de responsabilidad es un atentado contra el país.
Desde luego que se inauguró cuando un tribunal supremo electoral, buscó recovecos legales, para destituir a 57 o 59 diputados, por el simple hecho de pensar diferente que el presidente de ese entonces. Lo que es más grave, muchos profesionales que en su tiempo aplaudieron eso, hoy elevan una voz de protesta por el adelanto de las elecciones.
José M. Jalil Haas