La violencia social como enfermedad
Written by danilo_3re2RJc on 10/11/2025
La crisis de la política ha provocado, entre otros efectos, la convicción de que los políticos y la política son inútiles. No resuelven los problemas, crean conflictos entre ellos y estorban en la tarea de los ciudadanos. A medida que aparecieron la informalidad, el emprendimiento y lo sindicatos, el Estado se convirtió es un estorbo.
Mientras los gobiernos seccionales y el gobierno central solo estén presentes para establecer controles, exigir permisos y cobrar impuestos; mientras las leyes y las instituciones parezcan mecanismos de control y hagan más difícil ganarse el pan del día, la política será vista como negativa y se tornará fácilmente en el enemigo.
Los servicios que provee el Estado ya no son vistos como un derecho ni como ayuda, todo paga el ciudadano, el agua, la luz, las vías. Solo queda la educación y la salud aunque sea en malas condiciones. La policía y los militares, no son percibidos como seguridad y la diplomacia es sinónimo de vagancia privilegiada.
El mejor momento de la sociedad del bienestar en occidente se vivió en Europa cuando el Estado hacía grandes obras, garantizaba a los ciudadanos educación y salud gratuitas, garantizaba un retiro decoroso cuando ya no pudiera trabajar y se encargaba de la seguridad y el orden. En esas condiciones el ciudadano bendecía al Estado.
Ahora proliferan Estados fallidos, Estados autoritarios, Estados inútiles. El ciudadano, sin la protección del Estado se siente inerme, inseguro, frágil. La necesidad de sobrevivir en condiciones adversas le ha obligado a convertirse en tirano de sí mismo que se obliga a trabajar sin reposo ni recompensa. Esta tensión enferma.
La violencia que hemos visto en la protesta social tiene causas visibles que muchos califican bien como detonantes, pero detrás están el fracaso de la política, la inutilidad de los políticos y sus instituciones, la enfermedad social de una mayoría de ciudadanos sometidos a tensiones insoportables de inseguridad y penuria.