Ecuador crece, pero hay índices que deben ser atendidos
Written by danilo_3re2RJc on 10/23/2025
Ecuador crece. La economía nacional registró un 4,3% de expansión en el segundo trimestre de 2025, según el Banco Central. En tanto, el Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé que el país cierre el año con 3,2%, una de las tasas más altas de la región. Sin embargo, mientras las cifras macroeconómicas mejoran, la realidad social aún tiene que ser atendida. Ecuador es el tercer país de Sudamérica donde más hambre se padece, de acuerdo con el Índice Global del Hambre 2025. El contraste es evidente.
La canasta básica promedio para un hogar de cuatro miembros alcanza los 819,7 dólares. Este monto está fuera del alcance, sobre todo, en los hogares donde solo uno trabaja. El ingreso medio de los hombres y el de las mujeres en Ecuador es inferior a los 500 dólares, a agosto de 2025.
En Ecuador apenas el 41% de hombres y 27% de mujeres tiene empleo adecuado. La población ocupada en la informalidad representa el 54,3%, según las últimas cifras de la Encuesta de Empleo del Inec. En otras palabras, más de la mitad trabaja sin seguridad social ni ingresos suficientes. En el país se trabaja mucho, pero se vive mal. El crecimiento económico no llega ni a los bolsillos ni a las mesas.
La paradoja se amplía cuando se observa a las zonas rurales: cuatro de cada diez personas viven en pobreza. Mientras la pobreza extrema golpea a 25 de cada 100 personas, en la ruralidad.
El Índice Global del Hambre 2025 no está alejado de la realidad ecuatoriana y, aún más, de las infancias. A escala nacional, el 19,3% de los menores de dos años sufría desnutrición crónica, hasta agosto de 2024. Pero en provincias como Chimborazo, este porcentaje sube al 40%.
Esta es una herida que marcará su crecimiento físico y cognitivo por el resto de sus vidas. La desnutrición infantil no solo es una tragedia humanitaria: es un freno para el futuro de un país.
El Estado impulsa una estrategia nacional de nutrición y la banca pública ha entregado crédito al sector agrícola, pero los resultados aún no se sienten. La agricultura produce y hasta se exporta, pero los niños siguen sin leche en el desayuno. En algunas comunidades amazónicas, los pequeños se duermen sin comer, en un país que, paradójicamente, bota leche porque no logra venderla.
El problema no es solo económico, también es cultural. No existe una costumbre extendida de consumir leche o derivados, pese a que el país es productor. Falta educación alimentaria, logística y conexión entre la producción rural y la mesa de los niños malnutridos.
Salir del hambre exige decisiones extremas. El país necesita convertir la prosperidad en nutrición, la producción en alimento, la inversión en bienestar. Principio básico: Garantizar que cada niño coma bien es la base para todo desarrollo de una nación. Las políticas públicas deben asegurar acceso a alimentos, educación alimentaria, apoyo a madres y a agricultores, y una red que priorice la vida.
El desafío de Ecuador no es solo crecer, sino hacerlo con justicia. Un país que celebra su expansión económica mientras sus madres y sus niños padecen hambre es un país que aún no entiende el verdadero significado del progreso.
El crecimiento económico debiera traducirse en mesas llenas, en infancias sanas y en ciudadanos que trabajen con dignidad. Si esto se logra se podrá decir que Ecuador salió adelante.