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Soda Stereo, el milagro de quedarse

Written by on 05/22/2026

Blog Ruido Colectivo

Descubrí a Soda Stereo casi por accidente en los años noventa, cuando era un adolescente.

Fue en una computadora, mientras buscaba información en Encarta para hacer mis tareas. Me equivoqué de CD y apareció Comfort y música para volar, aquel especial acústico que no fue tan acústico y resultó en una puerta inesperada.

Me atrapó

Ese disco marcó el inicio de mi viaje hacia sus canciones de los ochenta y noventa. Durante años fue mi conexión con el rock en español, con la vulnerabilidad del sonido en vivo y con algo que, en plena adolescencia, me parecía difícil de explicar: la música sin demasiada pose, pero con una identidad enorme.

Hoy, a mis 43 años, vuelvo a pensar en esa escena porque Soda Stereo regresa a la conversación pública. La gira Ecos reúne en 2026 a Charly Alberti y Zeta Bosio con la presencia visual y sonora de Gustavo Cerati, fallecido en 2014. La propuesta, que no utiliza cantantes invitados ni nuevos guitarristas, ha generado entusiasmo, dudas y debate.

Hay quienes celebran la posibilidad de volver a escuchar esas canciones en un escenario. También hay quienes sostienen que sin Cerati, físicamente presente, Soda no puede ser Soda. Ambas miradas merecen respeto.

Pero hay algo que el debate no debería ocultar: la gente continúa asistiendo a los shows.

Un artista puede irse. Una canción, cuando encuentra memoria, aprende a quedarse.

¿Qué pasa en un concierto?

Quien ha estado en un concierto de una banda que ama, no va únicamente a escuchar música. Va a encontrarse y fusionarse con desconocidos que, por dos horas, parecen conectarse.

Hay una energía difícil de explicar. Las luces bajan, suena el primer acorde y algo se acomoda en el cuerpo.  Cantamos con quienes no conocemos, levantamos la mirada y sentimos que una canción que parecía privada, se vuelve colectiva.

Cuando en un bar una banda de covers toca una canción que marcó nuestra vida, ocurre algo parecido. No importa si quien canta no es el autor. No importa si la guitarra no es la original. Si la canción aparece en el momento correcto, la memoria completa el resto.

Así funciona buena parte de la música. No vive únicamente en el cuerpo y memoria de quien la creó. Vive también en quienes la cantan, la heredan, la reinterpretan y la vuelven a necesitar.

¿Qué queda cuando falta el rockstar?

La discusión comercial es sencilla. Es una gira. Hay producción, entradas, tecnología, logística y negocio. Negarlo sería ingenuo.

Pero reducirlo todo a eso también sería pobre.

‘Persiana americana’, ‘De música ligera’ o ‘Cuando pase el temblor’ son más que canciones de una banda. Son lugares emocionales. Cada generación entra en ellos de una forma distinta.

Cerati dejó una frase que ayuda a mirar esta discusión desde otro lugar: “Puedo equivocarme también hacia donde voy, pero no importa, lo importante es que voy, ¿no? El recorrido es más importante que el destino”.

Quizá allí está parte de la respuesta. La música no siempre se entiende desde el destino final, sino desde el recorrido que provoca en quienes la escuchan.

¿Por qué importa este regreso?

Lo que me asombra no es solo el debate sobre la presencia de Cerati. Me asombra que, en 2026, en una industria dominada por la velocidad de las plataformas, Soda Stereo vuelva a abrir una conversación sobre el rock en español.

En una época en la que muchas canciones parecen fabricadas para durar lo que dura un video corto, el regreso de una banda como Soda permite respirar otro tiempo. No porque el pasado sea siempre mejor, sino porque algunas canciones todavía obligan a escuchar con menos apuro.

No estoy en contra del trap ni del reguetón. Cada generación tiene derecho a construir su propio ruido, sus fiestas y sus heridas. Pero también es saludable que, en medio del algoritmo, aparezcan grietas por donde entren otras formas de emoción.

Soda Stereo no vuelve solamente como nostalgia si no como catálogo que sigue vivo.

Mi hijo también abrió esa puerta

Esta semana, en mi rutina de control parental del teléfono de mi hijo de 13 años, noté que escuchó ‘De música ligera’ entre otros grandes éxitos de Soda Stereo.

Sonreí. O mejor dicho: sonrió una parte de mí que todavía sigue sentado frente a esa computadora en los noventa.

No tuve que llevarlo al concierto ni darle una clase de rock argentino. No tuve que explicarle por qué Soda Stereo es importante para América Latina o por qué Cerati es una leyenda.

Solo dejé que tuviera su conexión, a su manera.

Eso hacen estos regresos cuando están bien entendidos. No solo venden entradas. Abren catálogos, despiertan curiosidad y permiten que chicos que no habían nacido cuando esas canciones ya eran memoria colectiva, las descubran sin obligación.

La música no necesita presencia perfecta

Lo importante es que estas canciones siguen circulando. Que un adolescente de 13 años puede encontrarlas en 2026 y sentir curiosidad. Que un padre de 43 puede escucharlas y regresar, por unos minutos, a un CD viejo.

La música no necesita fronteras ni presencias perfectas para perdurar. Necesita ser tocada, escuchada y compartida.

Gustavo Cerati no estará físicamente en el escenario. Pero sus canciones sí. Y, a veces, eso alcanza para que una generación le pase a otra algo más profundo que una lista de reproducción: una forma de sentir.


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