¿Existe el currículo moral?
Written by danilo_3re2RJc on 10/21/2025
Según los especialistas, el currículo oculto o no escrito es más importante que currículo formal o escrito, porque alude a la formación de valores humanos, que van más allá de conceptos aprendidos de memoria y evaluados. Es la ética civil que se concibe y practica como comportamientos verificables, como parte sustantiva del eje transversal del currículo.
Una aproximación
Antes se consideraba al currículo como plan de estudios. En la actualidad, el currículo (del latín curriculum -“carrera”) es la explicación de un proyecto educativo, que se concreta en los problemas, propósitos, conocimientos, procesos, contenidos, programas, metodologías y sistemas de evaluación que contribuyen a la formación integral de los estudiantes y a la construcción de la identidad nacional y sus valores, en un marco de concepciones ideológicas, antropológicas, epistemológicas, pedagógicas y psicológicas.
Este concepto se refiere no solamente a la estructura formal, sino a los aspectos que implican la elección de contenidos, las necesidades de aprendizaje de los alumnos, los materiales educativos o didácticos y la tecnología disponible.
El currículo -expresado en un documento técnico-pedagógico- es oficial; es decir, aprobado por el Ministerio de Educación, y aplicado en las diferentes instancias del sistema educativo -ciclos y niveles-, por la comunidad educativa, y en especial por los docentes.
Junto a la estructura formal se reconoce la existencia de un currículo no formal, no escrito, también identificado como currículo oculto o moral, referido a la intencionalidad formativa: la visión de un país, su historia, sus valores sociales y culturales que llegan a formar parte del proyecto de vida personal.
Construcción de saberes
El espacio escolar es un marco referencial donde los saberes se expresan en forma escrita u oral -a través de la pedagogía y la didáctica-, y también mediante gestos, señales, actitudes y comportamientos no verbales estudiados por la Semiótica.
Estos aprendizajes no verbales impactan las sensibilidades de los estudiantes, y son más importantes que los contenidos o materias. La razón estriba en que son mensajes de “intimidad social”, en torno a la vida diaria entre profesores y alumnos, y entre alumnos, que superan las intenciones didácticas -claramente disciplinadas-, y donde se ejercen espacios de poder casi imperceptibles.
¿Cuán oculto es el currículum oculto?
La sociología de la educación denomina currículo oculto a aquellos aspectos no explícitos del currículo. Philippe Perrenoud sostiene que en este tipo de prácticas no hay secretos: “es sabido que en la escuela se aprende a vivir en sociedad, a ser un buen ciudadano, a trabajar seriamente… En otras palabras, a conocer y aplicar un currículo moral”. En este sentido, no sería tan oculto.
Para algunos profesores, el aprendizaje oculto, en tanto desconocido, subyace en el currículo formal en la medida que -positiva o negativamente- afecta a los sujetos escolarizados y, además, porque opera en el terreno de la práctica y de modo inconsciente.
Otros argumentan que el currículo moral no implica reglas ni normas, sino comportamientos expresados en prácticas de relación que desarrollan el sentido común y los valores humanos, fuera de los controles para alcanzar objetivos escolares.
En papel de los docentes es importante como facilitador, observador de procesos, juez y marcador de alcances y límites en los escenarios naturales de la escuela. La evaluación de estas conductas es difícil, por la falta de parámetros o referentes, para no caer en subjetividades.
Un nuevo ethos
Adela Cortina, filósofa española, sustenta en su libro “Ética sin moral” que, con el advenimiento de la modernidad y sus secuelas, “un nuevo ethos abandonó el mundo trascendente (el de las religiones) para encarnarse en el nuestro, contingente y corruptible: la estructura de una razón práctica -anclada al ejercicio de los derechos humanos-, que configura la moral, el derecho y los Estados modernos”.
Dicho, en otros términos, según Cortina, el currículo no debe ocultar nada; al contrario, debe responder desde la filosofía moral, a la construcción de una ética civil, que dé sentido a la autonomía personal, el derecho al pensamiento crítico propio y argumentado y a la resiliencia con dignidad, “pues las sociedades aprenden no solo a nivel científico o artístico, sino también a nivel moral, porque los dogmatismos están en decadencia”.