Quito sin radares: un riesgo que aumenta
Written by danilo_3re2RJc on 07/24/2025
La suspensión de los radares de velocidad en Quito, vigente desde abril de 2025, compromete la seguridad vial. Aún más cuando la ciudad ya enfrentaba cifras altas de siniestralidad.
Según la Agencia Nacional de Tránsito (ANT), entre enero y mayo de este año hubo 1 554 siniestros, 988 lesionados y 131 fallecidos en la capital. Quito, junto con Guayaquil, concentra el 28% de las muertes en el Ecuador. Este porcentaje está muy por encima de otras ciudades como Santo Domingo: 4%.
Quito es, además, la única ciudad que posee radares públicos sin concesión a empresas privadas. Pero desde la suspensión, estos operan únicamente en modo preventivo. No hay capacidad sancionatoria. En el distrito metropolitano, en donde la velocidad es una de las tres causas más frecuentes de accidentes, la ausencia de radares debilita la prevención. Se pierde el mensaje: exceder límites pone vidas en riesgo.
No se trata de defender el uso de los radares como herramienta recaudatoria ni de ignorar los casos de corrupción, calibraciones defectuosas o contratos abusivos. Todo proceso debe ser corregido y auditado con transparencia. Pero su función como elemento disuasorio hay que tomarlo en cuenta.
La evidencia lo respalda. En Guayaquil, la instalación de radares en la avenida Narcisa de Jesús redujo en 50% las muertes viales, según la Coalición por la Movilidad Segura. En España, los siniestros por velocidad bajaron 42% con sistemas automatizados. Quito ya lo sabía: Quito Data Vial registra que en enero y febrero de 2025 hubo un incremento de 11,5% y 12,6% en siniestros frente a 2024. Y aunque luego descendieron ligeramente, la tendencia no es clara, ni suficiente.
Los horarios más peligrosos -entre las 20:00 y las 04:00- y las avenidas más críticas, como la Simón Bolívar o la Mariscal Sucre, no tienen un control real. Los quiteños demandan protección en sus puntos más letales.
La ANT debe acelerar la publicación del nuevo reglamento técnico para homologar estos dispositivos. En tanto, el Municipio debe garantizar su correcta calibración, sin atajos. Cada mes sin radares plenos significa mayor riesgo para peatones, ciclistas, motociclistas y sus familias.
Hasta ahora es un hecho que no bastan los carteles, campañas o patrullajes ocasionales. La ciudad requiere de un control más eficiente en sus principales carreteras.