Turismo ecuatoriano: Promesa incumplida
Written by danilo_3re2RJc on 08/10/2025
En las últimas dos décadas, nos vendieron el turismo como una quimera dorada, un espejismo de progreso que se desvanece después de cada discurso electoral. Lo proclamaron el salvador de la economía, el guardián de la biodiversidad, el creador de empleo, la luz de la sostenibilidad, el arcángel de los 4 mundos, el intiñan del turismo comunitario; pero todo se ha perdido en la bruma de políticos que reparten trípticos de ilusiones.
Pero la verdad emerge: el turismo nunca superó el 2,5% del PIB, jamás fue política de Estado; los medios de comunicación le dan más espacio al cadáver del día que a los destinos turísticos. Los exministros se esfumaron sin dejar rastro, menos Neil Olsen, que se plataformó para ser presidente de la Asamblea.
La decisión del presidente Daniel Noboa de fundirlo -o confundirlo- con el Ministerio de la Producción, despertó disímiles susurros, ya que en el sector nadie se atreve a alzar la voz. Unos lo ven como el último clavo en el ataúd de un sector abandonado, otros como el ajuste necesario tras años de despilfarro y desidia. Para los nostálgicos, es la confirmación de que el turismo ha caído en desgracia. Para los pragmáticos, el entierro de una gestión errática, marcada por hostales sucios, de hospedajes temporales peligrosos que surgieron como hongos venenosos; comederos que se pudren en el descuido y una inseguridad que ahuyenta a los viajeros más temerarios.
Repasar la galería de exministros desde 1992, es hojear un álbum de fracasos y ubicar los discursos fatuos de Freddy Ehlers o vacíos de Rosy de Holguín; otros manchados por contratos millonarios, como Vinicio Alvarado, nombres recordados por vacíos y no por aciertos. La campaña “All You Need Is Ecuador” devoró millones en un banquete de delirios, sin dejar rastro ni facturas legales. Convirtieron el Tren de Alfaro en la chatarra de la RC, los medios incautados que debían educar, promover y capacitar al sector turístico, hoy vomitan basura televisiva. Las desaparecidas direcciones provinciales dejaron a los ministros más ciegos, sordos y torpes.
Mientras Perú y Colombia avanzaron en vuelos, accesibilidad, promoción, profesionalización e inversiones, Ecuador está atrapado en la retórica mentirosa de alcaldes y prefectos. El sector empresarial, cómodo en su división, no tuvo la voluntad para unirse ni la visión para asumir una posición política, por lo que condenó al turismo, a la fragmentación, a la irrelevancia, a ser un convidado de piedra en el banquete del crecimiento.
La fusión con el Ministerio de Producción abre una puerta estrecha, para resucitar lo que nunca debió vivir ni morir en la indigencia. No se trata de salvar una estructura obesa e inútil, sino integrar el turismo en un plan real, donde la seguridad no sea un eslogan, donde los nuevos hoteles no laven dinero, donde los flamantes servidores turísticos no sean improvisados sin oficio ni beneficio.
El empresario, el académico, el gobierno local, todos saben que el sector está herido por falta de unidad, por visiones regionales, sin propuestas nacionales y nos faltan aliados en el poder. Cerrar el ministerio no es matar al turismo: es enterrar un cadáver. El desafío es convertir los discursos en acciones y controles para que el turismo deje de ser tierra de nadie.
Si este matrimonio apremiante, no resulta otra pareja de mal casados como el empresariado y la academia, la empresa pública y la privada; y Ecuador puede imponer la calidad, seguridad y coordinación, entonces, esta fusión, tal vez, solo tal vez, no será otro episodio trágico de damisela desengañada, sino el primer párrafo de una historia feliz.
Pero eso, como todo en este país de malabaristas de humo, está por verse.