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Migrar no siempre es posible para quienes viven la inmovilidad en Ecuador

Written by on 06/29/2025

Ángel Maldonado tiene 34 años y tres hijos. Vive en Otavalo, Imbabura, Su sueño es migrar a Francia. “Si tuviera la oportunidad de irme, me fuera con toda mi familia”. Por ahora gana 450 dólares al mes y vive endeudado. Lo que más quiere es trabajar como chofer profesional, tener una casa y un carrito. Pero sabe que aquí estos deseos toman mucho tiempo ¿Por qué no ha podido salir? No tiene visa, ni recursos, ni redes que lo ayuden. Carga con el dilema de muchos en Ecuador: querer irse, pero no poder.

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¿Por qué la inmovilidad importa?

El 43% de los ecuatorianos quiere salir del país, pero no puede. Es una de las principales conclusiones del reciente estudio: Inmovilidad en contextos frágiles, de Ayuda en Acción. Revela una realidad silenciada: la inmovilidad. No todos los que se quedan lo hacen por convicción. Algunos se sienten atrapados por la falta de dinero, trabas legales, por las responsabilidades familiares, restricciones como lo que ocurre en EE.UU. Otros ya lo intentaron y no lo lograron.

Una escena que se repite

Luisa P. (nombre protegido), de 26 años, vive en Peguche, Imbabura. Trabaja en un taller de artesanías y ha querido migrar, pero siente la responsabilidad de cuidar a sus padres y cinco animales que ha rescatado de la calle. “Soy la única hija, siempre he estado a cargo de una u otra cosa”, cuenta. Aunque sueña con estudiar derecho, la falta de recursos económicos la ha frenado. Gana apenas 200 dólares y necesita al menos 500 dólares. Su permanencia está atravesada por el compromiso familiar y el arraigo emocional. Si pudiera se iría a Chile o España, reconoce.

Lo que hay detrás de la inmovilidad

La inmovilidad es un fenómeno del que se habla poco o casi nada, al menos en Ecuador. Es la otra cara de la migración, pero más silenciosa, menos explorada. Hay quienes se quedan porque tras varios intentos no pueden irse. Otros están preparando su salida. El grupo más grave son los jóvenes que ni trabajan ni estudian. La falta de oportunidades, la informalidad laboral, la violencia o el abandono estatal los han dejado sin esperanzas. Para muchos quedarse es sinónimo de fracaso.

Estefanía Gómez, coordinadora del proyecto regional de movilidad humana de Ayuda en Acción, advierte: “La inmovilidad ni siquiera se piensa en las políticas públicas. No se diseñan programas para quienes no pueden migrar ni quedarse dignamente. Y eso tiene consecuencias”.

Imbabura: entre salida y acogida

Imbabura es una provincia marcada por una historia dual: ha sido punto de salida de generaciones de migrantes ecuatorianos y, al mismo tiempo, lugar de acogida para venezolanos, colombianos y retornados. Muchos de estos últimos, tras experiencias difíciles o deportaciones, tuvieron que resignarse a quedarse. Ya no pueden salir, pero tampoco se logran reinsertar plenamente. Se quedan sin alternativa, sin respaldo institucional y con pocas oportunidades.

¿Cómo llegamos hasta aquí?

En los últimos años, el deterioro económico, la inseguridad y las restricciones internacionales han bloqueado las vías de salida. Las políticas migratorias más duras en destinos como EE.UU., sumadas al alto costo de migrar, han dejado a miles en una especie de limbo: sin poder irse ni avanzar en el país. Otros buscan ayuda en fundaciones, pero con los recortes presupuestarios externos, la ayuda se ha mermado. Ana y Carmen (foto) están en este grupo de personas que han soñado con irse, pero ahora están resignadas. Ellas se están capacitando y quieren emprender.

Entre bambalinas

La inmovilidad no es pasividad. Es muchas veces una estrategia de supervivencia. El informe identificó dos grandes tipos: quienes quieren irse pero no pueden (56%) y quienes han decidido quedarse (43%).
En ese segundo grupo están personas como Mileydy Orozco y Antonio Pérez, migrantes venezolanos, de 30 y 33 años. Llegaron a Ibarra después de ser desplazados de Venezuela por la crisis económica, en 2019. En lugar de seguir su camino hacia otro país decidieron quedarse con su dos hijos. Fundaron un emprendimiento tecnológico y hoy se sienten parte de la ciudad. “Quedarse en Ecuador no es sinónimo de fracaso, sino de oportunidad”. Su historia refleja una permanencia elegida luego de una experiencia migratoria compleja.

La verdad de los datos

  • El 43% de los ecuatorianos desea migrar al extranjero, pero no lo ha logrado. El 56% de las personas están en condición de inmovilidad estratégica, forzada o resignada (Ayuda en Acción).
  •  La Encuesta de Intenciones y Dinámicas Migratorias (marzo-abril 2024) de la OIM reveló que 1,2 millones de personas tenían la intención de migrar. 44% son trabajadores independientes, 28,9% dependientes, y 19,2% están desempleados.
  • Otros 740 mil personas quieren migrar a otra ciudad del Ecuador.
  • Los jóvenes asocian quedarse con fracaso y carecen de acceso a educación o empleo formal. El riesgo es caer en bandas delictivas.

Claves para entender la inmovilidad

  • No es lo opuesto a migrar. Es parte del mismo fenómeno.
  • Tiene múltiples causas: económicas, legales, familiares y emocionales.
  • Afecta más a jóvenes, mujeres cuidadoras y personas en situación de pobreza.
  • Se expresa en formas estratégicas (esperar el momento de salir), forzadas (no hay cómo irse) o resignadas (ya no hay esperanza).
  • Requiere atención como política pública: quedarse también es una decisión que necesita respaldo.

El dato que sorprende

El 38% de las personas desplazadas internamente en Ecuador se ha desplazado varias veces. Huyen de la violencia, pero no encuentran estabilidad ni condiciones dignas. Están atrapados entre el pasado que los expulsó y un futuro que no llega.

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Lo que viene

Mientras la violencia, la pobreza y las restricciones migratorias crecen, la inmovilidad es el rostro más silencioso del fenómeno migratorio en Ecuador. Reconocerla e incluirla en la agenda pública será clave para diseñar soluciones reales que no dejen atrás a quienes, sin quererlo, se han quedado.

Lo que hace falta

  • Programas educativos y becas locales para jóvenes con deseo de migrar.
  • Apoyo a familias cuidadoras, especialmente mujeres.
  • Inversión en empleo formal y seguro en zonas con alta intención migratoria.
  • Reconocimiento de la inmovilidad como parte de la movilidad humana.
  • Apoyo para personas deportadas o retornadas, que facilite su reintegración económica y social.
  • Estrategias diferenciadas para zonas de acogida como Imbabura y para grupos de alto riesgo como desplazados múltiples.

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