Quito necesita una política preventiva para blindar su sistema de agua
Written by danilo_3re2RJc on 07/23/2025
El corte prolongado del suministro de agua en el sur de Quito, que afecta a unas 400 000 personas desde el 9 de julio, evidencia un problema de fondo: la falta de previsión para proteger los sistemas de agua potable frente a los efectos de un clima cada vez más extremo.
La rotura de la tubería de captación en La Mica, provocada por un deslizamiento en la zona del Antisana tras intensas lluvias, no es solo un hecho fortuito. Es una advertencia de lo que puede suceder si no se adoptan medidas de planificación, prevención y adaptación al cambio climático. Quito, al ser una ciudad de alta montaña, con riesgos geológicos y climáticos evidentes, necesita infraestructura resiliente y planes de emergencia sólidos, no respuestas tardías ni improvisadas.
Las autoridades, tanto locales como nacionales, tienen la responsabilidad de armar un plan de prevención, tal como se lo hizo en el caso de una eventual erupción del volcán Cotopaxi
Las críticas de expertos en gestión de riesgos, urbanismo e ingeniería confluyen en un punto: la ausencia de una estrategia integral para diversificar fuentes de agua, reforzar la infraestructura existente y garantizar servicios básicos en contextos de emergencia.
También preocupa la desorganización en la distribución del agua por tanqueros, sin criterios técnicos ni enfoque de equidad. La falta de estimaciones claras sobre la cantidad y calidad del agua entregada expone a la población a posibles riesgos sanitarios. En este contexto, el Municipio debe priorizar no solo la entrega del líquido vital, sino también las condiciones dignas en que se lo hace, especialmente para personas mayores, con discapacidad y sectores alejados.
No se trata únicamente de atender emergencias, sino de anticiparse a ellas. Ejemplos como la tubería elevada construida para proteger el sistema ante una eventual erupción del Cotopaxi muestran que sí es posible actuar con visión preventiva. De igual manera, alternativas como la conexión entre sistemas (La Mica, Paluguillo, Payac) o el uso de acuíferos urbanos son propuestas viables que deben ser consideradas con urgencia.
Quito no puede seguir operando desde la reacción. Las amenazas naturales están presentes y en aumento. Urge que el Municipio, junto al Estado, impulse un plan de prevención de largo plazo que integre infraestructura resistente, monitoreo permanente, mapas de vulnerabilidad actualizados y una gobernanza técnica del agua. Lo que está en juego no es solo el servicio, sino la salud, la seguridad y la dignidad de cientos de miles de quiteños.