Quito tiene una deuda pendiente con el peatón
Written by danilo_3re2RJc on 08/18/2025
En Quito, caminar es una actividad de riesgo. Las cifras no mienten: entre enero y julio de 2025, 152 personas perdieron la vida en siniestros de tránsito. De ellas, 38 eran peatones. Una de cada cuatro muertes en las calles corresponde a quienes caminan, a pesar de que este grupo debería ser el centro de cualquier política de movilidad urbana.
El 17 de agosto fue el Día Internacional del Peatón. Nos recordó la fragilidad de quienes transitan a pie en una ciudad pensada más para los vehículos que para las personas. La Agencia Metropolitana de Tránsito (AMT) confirma que, aunque el porcentaje de peatones fallecidos bajó frente a 2024 —cuando se registraron 86 muertes en todo el año—, siguen siendo el segundo grupo más vulnerable después de los motociclistas.
‘Cada vida perdida nos recuerda que caminar en Quito no debería ser un riesgo, sino un derecho. El Día Internacional del Peatón es más que una fecha simbólica’
Los atropellos se mantienen entre las principales causas de siniestros de tránsito. La AMT señala que su letalidad alcanzó el 13% en 2025 y el 16% en 2024. El dato no es frío: detrás de cada número hay familias destruidas por la pérdida de un ser querido.
Los adultos mayores son las principales víctimas porque los semáforos no les conceden tiempo suficiente para cruzar. En muchos cruces, los vehículos giran sin dar prioridad, incluso cuando el peatón camina por pasos señalizados. A ello se suma la deficiente iluminación nocturna y la ausencia de un control efectivo de la velocidad.
Los niños tampoco están a salvo. En las zonas escolares abundan los pasos de cebra borrados, la falta de reductores y la carencia de esquinas adaptadas que acorten la distancia de cruce. Se privilegia la fluidez del tráfico, pero se relega la seguridad de quienes deberían ser los más protegidos.
Quito necesita replantear su modelo de movilidad. No basta con campañas de concienciación ni con pintar cebras peatonales en fechas conmemorativas. Hace falta un rediseño profundo de las vías urbanas que priorice la vida sobre la velocidad.
Hace falta un sistema de semaforización con tiempos exclusivos para peatones, iluminación adecuada y medidas de calmado de tráfico que obliguen a los conductores a reducir la marcha en zonas residenciales y escolares.
Sobre todo, hace falta un cambio cultural. La ciudad ha normalizado que las calles sean territorio del automóvil y que caminar sea un acto de valentía. La deuda con el peatón no es un asunto secundario: es una urgencia de salud pública, de justicia social y de derecho a la ciudad.
Cada vida perdida nos recuerda que caminar en Quito no debería ser un riesgo, sino un derecho. El Día Internacional del Peatón es más que una fecha simbólica: es un recordatorio de que la movilidad segura empieza por quienes caminan. Mientras no lo entendamos, seguiremos contando muertos en las estadísticas.