Cartas a Quito / 27 de mayo de 2026
Written by danilo_3re2RJc on 05/27/2026
Control del descontrol
Es impactante ver como la sociedad con la cual nos relacionamos en este país, maneja un amplio espectro de permanente descomposición y alto grado de incoherencia, cuya práctica se devela desde el momento en que, salen o entran a su casa, pues en mucho de los casos prima la mala educación, la inadecuada forma de convivencia y la exacerbada cantaleta de la inflación de “derechos” sin tomar en consideración el mínimo elemental de respeto al otro, así como los roles, deberes y responsabilidades que cada cual tiene.
Este despropósito en el cual se está desarrollando diariamente cada ser humano en cualquier punto del Ecuador, nos encamina a un descontrol desbordante cuyo crecimiento ya no pasa desapercibido en la era de las inmediatas comunicaciones o noticias a través de las redes sociales o los medios digitales online.
Sin embargo, en muchos de los casos quienes son los autores de este desbarajuste, con supina ligereza y con imperante osadía se permiten reclamar, insultar e intentan de manera bastante insolente imponernos una forma de vida y de relacionarnos.
Definitivamente el respeto a la otredad, la naturaleza de un Estado laico o el desarrollo en tiempos de la IA, nos convoca a desempolvar la ética y la moral para respetarnos, así como respetar al prójimo sin dejar de admitir la existencia de la autoridad, para evitar la desnaturalización de la sociedad, pues es irracional que cada cual haga lo que quiere o lo que le da la gana.
Así las cosas, nosotros, usted querido lector y yo, estamos llamados a convertirnos en molde, modelo y ejemplo para dejar de ser espectadores y convertirnos en actores propositivos, para generar acciones prospectivas en reemplazo a la perturbadora indiferencia o el quemeimportismo que, generalizado está favoreciendo desenfrenadamente a una cultura de miedo, muerte, perversión, corrupción y devastación de la estructura social ecuatoriana que, como vemos cotidianamente repercute fuertemente desde las aulas escolares hasta en todo el sistema político, gubernamental, legislativo, judicial y por supuesto de las fuerzas del orden.
Entonces respetemos y hagamos respetar la autoridad y su normatividad cuando corresponde.
Rogelio Fernando Valencia Alcívar. Mgtr