Confianza y resultados para el tiempo que falta
Written by danilo_3re2RJc on 05/31/2026
Al Presidente le quedan, en términos políticos, tres años decisivos. Tras asumir el poder en noviembre de 2023 para completar el periodo de Guillermo Lasso, y luego iniciar su mandato completo en mayo de 2025, Noboa ya no gobierna desde la promesa inaugural. Gobierna desde una trayectoria recorrida.
Ecuador no está frente a un mandatario recién llegado, sino ante un Presidente que, sumados sus dos periodos, suma más de 30 meses de gestión. Por eso, el margen para explicar todo como herencia, sabotaje o transición se reduce. La política concede aprendizaje, pero la realidad sumada al tiempo transcurrido exige resultados.
En lo que resta de gobierno, Noboa debería concentrarse en dos ejes centrales: confianza y resultados. Y, como eje transversal de ambos, un tercero: sensibilidad. No como debilidad, sino como inteligencia política. No como ingenuidad frente al adversario, sino como conciencia de que el poder, cuando pierde humanidad, corre el riesgo de perder conexión y por ende apoyo ciudadano.
Uno) La confianza se erosiona cuando el poder no da la cara. Se debilita cuando las respuestas oficiales llegan tarde, incompletas o parecen diseñadas más para cerrar una crisis comunicacional que para esclarecer el fondo de un problema público. Se devalúa cuando los informes tienen zonas grises, cifras discutibles o explicaciones que no siempre resisten una lectura exigente. Y se pierde también cuando se percibe privilegios y conflictos de interés.
No se trata de pedirle al Presidente que gobierne complaciendo a todos. Gobernar exige decidir, asumir costos y enfrentar resistencias, consecuentemente no se puede contentar a todos. Pero gobernar democráticamente también exige explicar, transparentar y reconocer errores. La autoridad no se disminuye cuando rinde con sinceridad cuentas; se fortalece.
Dos) El segundo rubro es resultados. La seguridad ha sido el accionar más visible del gobierno. No puede decirse que haya sido ignorada. Ha habido estados de excepción, presencia militar, reformas algunas fallidas, operativos y una narrativa permanente de guerra contra el crimen. También sería injusto desconocer los esfuerzos del ministro del Interior, John Reimberg, cuya gestión ha buscado dirección operativa ante una crisis compleja.
Pero, el ciudadano no mide la seguridad por anuncios, sino por la posibilidad real de caminar, trabajar y volver a casa tranquilo, sin miedo y seguro. Si la percepción cotidiana sigue siendo de amenaza, extorsión o encierro, el gobierno tiene un serio problema político. En seguridad, los avances deben sentirse en la calle, no solo en un cuadro estadístico.
La salud pública, en cambio, parece relegada. Hospitales sin medicinas, pacientes obligados a peregrinar, familias endeudadas por tratamientos y burocracia incapaz de responder no son fallas menores. Son señales de un Estado que pierde presencia donde la vida importa más por su fragilidad.
De igual suerte, las mejoras en las cifras macroeconómicas, se debilitan cuando no siempre se reflejan en los bolsillos de los sectores menos favorecidos.
Tres) Y está la sensata sensibilidad en el ejercicio del poder. A los enemigos políticos se los enfrenta con razones, firmeza, pruebas y armas limpias. No hay honor cuando al opositor se lo sigue golpeando cuando este está en el suelo. Tampoco hay prudencia, cuando existe la posibilidad de convertir a un adversario cuestionado en víctima pública por exceso de fuerza, equivocado cálculo o desprecio.
Sí, el poder debe combatir al crimen con firmeza, corregir abusos y sancionar responsabilidades. Pero si en ese proceso se pierde proporción, se corre el riesgo de degradar la causa. La ciudadanía puede exigir dureza frente a la corrupción o la violencia; lo que no suele admitir es la crueldad innecesaria.
Un gobierno puede sobrevivir a la crítica. Lo que no puede es acostumbrarse a la opacidad, a saltarse la fila, a la falta de resultados tangibles ni a la pérdida de sensibilidad. A Noboa todavía le queda tiempo. Pero ese tiempo ya no pertenece a la campaña ni a la luna de miel del inicio. Pertenece a la administración efectiva y concreta del poder.
En lo que resta de gobierno, el tema relevante no será si el presidente se comunica mejor, confronta más o conserva popularidad. Será otro, esto es, si logra realmente que los ecuatorianos vuelvan a confiar, si consigue resultados visibles en la calle y si entiende que, aun en tiempos duros, gobernar también exige humanidad.