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¿Está vivo Maquiavelo?

Written by on 07/20/2025

Nuevamente, Nicolás Maquiavelo es invitado a estas líneas, por su lucidez en cuanto a la naturaleza humana en su relación con el poder. Él se enfocó en desnudar el comportamiento humano, retratándolo  como es y no como debería ser. La política no se desarrolla sobre ideales sino sobre realidades.  En cuanto a la lealtad en la política, la identificó con crudeza y no por ello lejos de la verdad.  De una realidad atemporal, ya que dichas particularidades al cabo de algunos siglos siguen tan vigentes como entonces.

Maquiavelo veía a la lealtad como una conducta que no es incondicional, sino que está condicionada al propio interés. Existirá lealtad mientras el poder beneficie, pero si el poder cambia o se debilita, la lealtad también cambiará o se diluirá. 

De esta manera, la lealtad en el ámbito político se vuelve instrumental y voluble. Es inestable y oportunista, más fruto del temor y del interés que del aprecio o de sintonía con la moral. Por ese motivo, debe ser gestionada  por el príncipe con astucia, con previsión y con sólido ejercicio de soberanía, ya que el poder apuntala la lealtad mucho más que el afecto. Entre ser amado y ser temido, si no se pueden conseguir ambas, es preferible ser temido, sostenía Maquiavelo, asegurándose así mayor grado de lealtad y obediencia, ya que el miedo es más efectivo para tal fin versus la lealtad basada en la simpatía o en el querer que es frágil. Razonamiento que comprendió y aplicó con rigor el expresidente  León Febres Cordero (+), al practicar que el respeto nace más del temor que del afecto.

Maquiavelo recordaba al príncipe no confiar ciegamente en la lealtad de sus súbditos, cercanos  y consejeros, ya que existen innumerables casos de traiciones alimentadas por el cálculo o por la oportunidad.

Los honores y reconocimientos pueden lograr aliados temporales, pero no fidelidades perdurables, y peor en tiempos de crisis. La lealtad se puede comprar, pero nunca garantizar.

La lealtad existe más con el que ejecuta el poder real. La gente sigue más al gobernante que ejerce con fuerza, que mantiene el control y el orden, y no necesariamente al más justo y virtuoso “… porque los hombres aman según su voluntad y temen según la voluntad del príncipe.”  N. Maquiavelo – El Príncipe.

Desde la perspectiva maquiavélica, la lealtad transita de la virtud a instrumento de oportunismo político; por consiguiente, en mi opinión, infortunadamente se distancia de su sana esencia, del sentido ético y sincero de su práctica.

Dentro de esta lógica pudiéramos de la reciente praxis ecuatoriana, obtener tres eventuales conexiones:

I Latentes deserciones:  El desmoronamiento del Correísmo, es decir el amenazante retiro de la lealtad y apoyo al movimiento por parte de algunos miembros, obedecería en considerable medida al debilitamiento de sus líderes que no gozan ya de mayor influencia y poder en lo nacional,  y por ende los aliados ya no tendrían reparos o miedo a enfrentarlos o desafiarlos. La pérdida de poder ha dejado en evidencia una lealtad no ideológica sino pragmática, y con ella se estaría disolviendo el temor y floreciendo las disidencias.

II Binomio narrativo: La verdadera lealtad debe estar atada a los principios y no a las personas cuando estas se alejan de aquellos; sin embargo, la lealtad manifiesta  y públicamente expuesta entre Correa y Luisa, parece responder más a las circunstancias y conveniencias personales y políticas que a las virtudes propias de cada cual. En estos tiempos difíciles que atraviesa la RC5, la lealtad entre ellos no sería virtud, sino defensa, necesidad de un relato político, mecanismo público, de control, de supervivencia y cálculo mutuo. Busca parecer sincera, pero en realidad cumpliría una función de utilidad: sostener un relato, contener al movimiento y frenar la erosión de la causa política, que sin esta suerte de binomio interno, podría diluirse en la fragmentación. Quedaría claro entonces que no se trataría de lealtad política, sino de simbiosis estratégica: se sostienen, por necesidad, por una interdependencia táctica. Un contrato tácito de supervivencia.

III Reforzamiento del Poder: En relación al ex asambleísta de RC5, recientemente expulsado presuntamente por violar a una menor de edad, Noboa capitalizó políticamente la grave situación,  no solo ofreciendo a través del ministro del interior una recompensa  por información cierta del paradero del sospechoso, sino también impulsando reformas punitivas como la castración química. Convirtiendo  de esta manera la circunstancia en una oportunidad  para proyectar autoridad, control y poder, tal como bien lo habría aconsejado Maquiavelo.

Como vemos y en concordancia con el pensamiento del florentino, en política la lealtad no es virtud, sino táctica, no es promesa, sino cálculo, la lealtad sigue más al poder real que a las ideas. La lealtad no es principio, sino una apuesta, y como toda apuesta se retira cuando el riesgo es mayor que el beneficio.  Vale preguntarnos: en épocas de inestabilidad y dificultad, la pregunta precisa no es quién es leal, sino: ¿a quién le conviene serlo…?


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